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Entrevista a Cristina González sobre cómo afecta el confinamiento a personas con problemas de salud mental
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Entrevista a Cristina González sobre cómo afecta el confinamiento a personas con problemas de salud mental

Por David Berlanga.
Responsable de Prensa de CERMI Andalucía.

“Esta situación magnifica la falta de atención sobre las personas más frágiles que ya se daba antes”, así ha definido Cristina González, presidenta de FEAFES Andalucía, que vive con extrema preocupación las consecuencias que el confinamiento prolongado puede tener en las personas con problemas de salud mental y en sus familias. Entre ellas, el posible aumento de suicidios y más episodios de violencia en el hogar. Advierte que las descompensaciones provocadas por la situación pueden suponer meses de trabajo para la recuperación. Ante esta emergencia sanitaria, pide materiales de protección contra el coronavirus para que los profesionales de las entidades de salud mental puedan ofrecer atención directa individualizada a domicilio para paliar casos de crisis personales. Con todo, quienes más le preocupan son las personas sin apoyo alguno. Por eso recuerda  una vieja reivindicación: que la Administración impulse la creación de Equipos de Tratamiento Intensivo Comunitario (ETIC), formados por profesionales de diversos ámbitos que atienden al paciente en su entorno para hacer posible la recuperación. “En un momento de crisis como este servirían para atender a las personas que estuvieran ahora sin una red de apoyo, ya sea familiar o de alguna entidad”, afirma en esta entrevista concedida a CERMI Andalucía.

¿Por qué tiene mayor impacto el confinamiento impuesto por la emergencia sanitaria en las personas con algún problema de salud mental?

Tiene un impacto muy grande porque rompe la rutina habitual. La pérdida de la rutina que tanto les cuesta a las personas de este colectivo adquirir: hábitos saludable, ritmos de vida, horarios, acudir a las terapias, talleres… Esto es un trabajo a largo plazo que se puede perder. A eso se une la angustia, el miedo al contagio que todos tenemos, y las dificultades de convivencia con la familia que ocasiona la enfermedad mental y que con el confinamiento son mayores. En estas circunstancias está habiendo una sobrecarga de los cuidadores, un ambiente más tosco, más difícil. Todo esto, si la situación dura poco tiempo, se puede superar. Pero si se prolonga, irá sumando, sumando… Y eso es lo que nos preocupa.

Muchas de las entidades de salud mental están llevando a cabo una atención telefónica o telemática a los usuarios y usuarias. A través de videconferencias, Whatsapp, etc. ¿Está siendo eficaz ese trabajo para ayudar a controlar la situación?

Las personas a las que desde el movimiento asociativo estamos prestando atención tienen soporte y eso debe valorarse, tanto en la situación por la que atravesamos como en cualquier otra. Pero pensemos que hay muchas personas que están en su casa sin ningún tipo de apoyo. Y ellas son las que más me preocupan. Por eso, decimos que el modelo asistencial hay que replanteárselo nuevamente.  Si se hubieran extendido como hemos pedido siempre a las administraciones los ETIC, los Equipos de Tratamiento Intensivo Comunitario, probablemente tendríamos en estas circunstancias una atención mínima garantizada, individualizada y a domicilio. Nos faltan recursos. Lo que hace esta situación es magnificar la situación que ya se viene dando. Y es la falta de atención de las personas más frágiles. Se supone que los servicios sociales tienen que llegar a los más frágiles, pero se queda demasiada gente fuera. Los servicios sociales deben ser más proactivos y buscar a quienes de verdad lo necesitan.

Con más Equipos de Tratamiento Intensivo Comunitario, ¿sería menor su preocupación en estas circunstancias?

Sí, porque son equipos multidisciplinares que intervienen en el entorno del usuario. Algunas de nuestras entidades cuentan con estos equipos y están funcionando bastante bien. Son redes de profesionales que satisfacen las necesidades que tiene la persona en cada momento, sanitaria, social, de inserción social y laboral… Si estos equipos estuvieran más extendidos, en un momento de crisis como este se mantendría la atención a las personas que estuvieran sin una red de apoyo, ya sea familiar o de alguna entidad.

Una vez que se supere esta situación de emergencia, ¿de qué modo deben paliarse, a su juicio, esas carencias del sistema de atención a la salud mental?

Habrá que redoblar los esfuerzos. Es verdad que la salud mental en Andalucía está pendiente de sentarse con los responsables del nuevo Gobierno autonómico para revisar y evaluar los recursos que tenemos, los perfiles de usuarios que existen y, si se llega a la conclusión de que faltan recursos, habrá que ponerlos en marcha. El modelo en si hay que revisarlo. Faltan recursos asistenciales, casas hogar, centros de día, pisos… Hay una necesidad evidente en todas las provincias. Pero faltan, sobre todo, recursos para la recuperación. No podemos dejar que sean dependientes nuestros usuarios. Por eso hay que crear medios de recuperación. Medios sanitarios, apoyo a la formación, al empleo, la inserción…

Está bien poner las luces larga para vislumbrar qué se debe hacer en el futuro. No hay que olvidar, sin embargo, que estamos en una situación de emergencia. En lo inmediato, ¿qué recomendaciones haría a las familias en estos días?

Cualquier familia que tenga problemas y que no esté vinculada con el movimiento asociativo contará con nuestro apoyo y orientación en los teléfonos y en los medios que hemos abierto. También deben recurrir a los servicios sociales, a la atención primaria. A lo más cercano, como la policía local… Va a ser difícil mantener confinadas a las personas con problemas de salud mental. Deben pedir ayuda.

Más allá de solicitar ayuda en caso de problemas, ¿hay alguna medida que ayude a las personas con problemas de salud mental a sobrellevar esta situación de la mejor manera posible?

Las personas que formen parte de alguna entidad de salud mental estarán en contacto con nosotros y recibirán las indicaciones sobre lo que necesiten en un determinado momento. Estamos más pendientes de los usuarios que carecen de familia. Las entidades somos detectoras y mediadoras para las personas del colectivo y sus familiares. Pero damos atención solo a una parte. Estamos recibiendo llamadas de familias que no son socias y que están desesperadas porque no pueden, por ejemplo, controlar el confinamiento del familiar. Y necesitan apoyo. Ahí está el problema. A mí me preocupa el tiempo que dure esta situación. Estaremos pendientes de las indicaciones que nos den las autoridades.

En todo caso, ¿qué pide FEAFES a la Administración en este momento concreto?

Ya hemos pedido a la Consejería de Salud y a la de Igualdad material de protección. Porque si se dan las circunstancias de que haya que realizar en caso de crisis una atención individual a domicilio, no disponemos de material. En segundo lugar, los servicios de Salud Mental de la Junta de Andalucía se tienen que dar cuenta de lo importante que habría sido disponer de Equipos de Tratamiento Intensivo Comunitario para mitigar en este momento el sufrimiento provocado por la soledad y por la sensación de que nadie te atienda. Eso provoca un dolor enorme. Eso sería muy importante.

Más allá de lo institucional, ¿debería la emergencia reforzar el sentido de la comunidad para hacer que nadie se quede desasistido?

Aquí nos hemos dado cuenta todos de que ante una crisis sanitaria no hay nadie más importante ni menos importante, ni más rico ni menos rico. Esto nos tiene que hacer reflexionar y ser más humanos. Estar junto a la persona que se está cayendo, que tenga un sufrimiento. Haremos una sociedad más justa y más fácil de vivir si colaboramos. Tenemos que franquear las barreras y ser solidarios, empezando por nuestro vecindario.